Me arriesgo a comunicar estas ideas aunque tenga por norma, llevándome de lo que repetía el R.P. Mateo Andrés, de que el que acostumbra dar consejos puede llegar a creerse superior a los demás. Sobre el tema ira son simples sugerencias de cómo evitarla, porque me cuido de dar consejos ya que "los ignorantes no los escuchan y los sabios no los necesitan". Aun así, es permitido aconsejar, siempre y cuando su aplicación no resulte imposible.
No me canso de señalar que existe una gran diferencia entre la ira y la soberbia. Ambas son dañinas para mantener una buena relacion con los demás; sin embargo, la soberbia lo es más porque traduce un egoísmo que corroe el alma. En cambio la ira, como pasión al fin, regularmente es pasajera. La ira nunca es buena, aprender a controlarla requiere de mucho esfuerzo y de una buena dosis de la templanza manifestada en una mansedumbre que ordena el movimiento de esta reacción segun la caridad. Muchas veces la ira es un desahogo frente a una injusticia. Cuando se reacciona con ira ante hechos considerados perjudiciales, nada de lo expresado se hace de manera reflectiva. No obstante, esta actitud tiene algo a nuestro favor puesto que, aunque se nubla la mente, el corazón transparenta los sentimientos sin artificios. Aun así, el Salmo 4:4 aconseja: "Si se enojan, no se arriesguen; en la quietud del descanso nocturno examínense el corazón."
Para Seneca, el gran remedio contra la ira es la dilación. En "Ser como el río que fluye", Paulo Coelho refiere que cualquier acción motivada por la furia es una acción condenada al fracaso". Cuando tengamos un arranque de ira, ayuda a controlarla recordar que la mansedumbre, que es suavidad y benignidad en la condicion o en el trato, es la marca del verdadero y auténtico discipulado. Fin de la cita.